A LAS PUERTAS

Este mes el mundo de la moda está de aniversario. Hace algo más de un año, el sector vivió una de las batallas más comentadas de las pasarelas. A las puertas del edificio Lincoln Center de Nueva York, comenzó una lucha de poderes -sin precedentes- que no dejó en buen lugar a ningún batallón. 
Texto, Vanessa Parapar Salazar (www.ladyfell.com) - Fotografías, Fernán Iglesias 

Los bandos del enfrentamiento estaban claros. A un lado, el  ejército presidido por Suzy Menkes,  editora internacional de moda.  Mientras en el otro, Anna Dello Russo y sus fieles ‘it girls’ e ‘instagramers’ formaban una fila con millones de seguidores.

El fuego fue abierto por la vieja escuela en la figura de su cuervo negro más destacado. La señora Menkes disparaba perlas contra el circo que se estaba formando alrededor de los estrenos en las pasarelas que capitaneaba su homóloga italiana con apellido soviético.

A simple vista, el conflicto podía parecer una lucha por conseguir protagonismo personal y múltiples páginas en las publicaciones. Pero no. La pluma del pájaro lo dejó claro. No estaba dispuesta a que la nueva savia, formada por editoras y bloggers encajadas en el planeta web, le quitaran a su bandada de aves el concepto de moda tradicional. En él no había lugar para celebrities ni personalidades.

Aproximadamente se tardó un mes en dar la vuelta al mundo de la mano de las nuevas colecciones, exactamente el mismo tiempo que duró una lucha aún abierta. Los escenarios recorrieron países; librándose la última batalla en el parisino Jardín de las Tullerías.

Allí, a las puertas del espacio efímero, lugar de desfiles como el de Valentino, Nina Ricci o Elie Saab, unas se peleaban por salir en cámara y las demás por tomar posiciones en un segundo plano. De fondo, se oían los disparos de las polaroids de cientos de fotógrafos que querían captar el momento pero también el estilo de la calle.

De esa forma se intentó firmar una paz propia del periodo más agitado de los Reyes Católicos. Ambos bandos comulgaban en silencio, pero ninguno cedía en su terreno. Finalmente, el tratado reza por París existiendo allí un lugar para todos y todas.

Prueba de ello estas imágenes de la Semana de la Alta Costura, aunque para consagrarse el contrato hay que esperar poco tiempo. El próximo desfile por las calles comienza en un suspiro.